Cintillo Arriba Ministerio y batalla

Nery González

La organización popular es el triunfo para la revolución

El sentido de pertenencia de lo nuestro es lo que nos permitirá avanzar y crecer como venezolanos, en unión y organizados

Nery González tiene 55 años viviendo en el sector Petare de la parroquia José Feliz Ribas, estado Miranda.

Con 66 años de edad viene trabajando para las comunidades sin esperar recibir algo a cambio más que la unión y fortaleza de su comunidad en lo organizacional. Comienza su trabajo en la formación popular desde mediados del 2004.

Pero es con la llegada del Comandante Hugo Rafael Chávez Frías a la presidencia, cuando se empieza a desarrollar un proceso de reconocimiento de tierras y espacios baldíos y se forman los Comités de Tierra Urbana (CTU). Es así como un hombre empezó a cambiar el destino de los venezolanos, sumando voluntades a las luchas y reivindicaciones sociales.

Para el 2005, trabajó en una sala situacional que se formó por atender los acontecimientos ocurridos en el país durante la vaguada: Es en ese momento que me incorporo a las mesas de energía en el municipio Sucre, estado Miranda.

Para mí, involucrarme en las mesas de energía me llena de mucha fuerza y vigor, ya tengo 15 años trabajado en la organización y apoyo en las comunidades para impulsar los proyectos en materia eléctrica.

En el Cerro Verde de Macaira, estado Guárico, en 2009, fue la primera comunidad a nivel nacional donde instalamos un equipo fotovoltaico casa por casa de 16 sistemas. Las comunidades escogidas para empezar con este proyecto fueron ubicadas en los estados Guárico, Aragua y Miranda, casi que simultáneos el trabajo de instalación se fue haciendo.

He vivido experiencias que me han enseñado a valorar las cosas. He visitado comunidades que me hacen pensar que en donde vivo soy como una reina, porque tengo acceso a servicios que quizás a otros le hace falta.

Mi familia está conformada por tres hijos, cinco nietos y un hermoso bisnieto, jajaja. Estoy felizmente casada con un hombre maravilloso, con el cual he podido compartir esas anécdotas y vivencias en las comunidades en las que he participado.

Tenemos 45 años casados, creo que la comunicación en la pareja es algo que va de la mano con el respeto. Él me ha enseñado mucho y hemos aprendido juntos a comprendernos y conocernos.

Cuando comienzan las misiones educativas, sentí que podía ayudar a enseñar. Estuve con un grupo de adultos mayores, que era completamente analfabeta, es así como llego a ser facilitadora de la Misión Robinson. Les mostré cómo agarrar el lápiz, les orienté bastante y aprendimos juntos, porque debo decir que ellos también me enseñaron muchas cosas.

Me gusta el trabajo comunitario, aunque a veces nos llevemos decepciones. Siempre hay alguien que te agradece.

Todos estos trabajos comunitarios, en pro de ayudar a otros, es lo que me motivo a estudiar y a licenciarme como Trabajadora Social en la Universidad Bolivariana de Venezuela, a través de la Misión Sucre.

He aprendido a valorar más, y eso es lo que trato de enseñarles a los jóvenes de hoy en día. Ellos que a veces son más renuentes, el ayudar a otros se ha perdido y en esta época de pandemia somos más individuales. Pareciera que tus problemas son solo tuyos y no me afectan.

 

Creo que el trabajo comunitario nos enseña a crecer como persona, a trabajar, porque nos permite adentrarnos y sentir los problemas de los demás. Cuando yo salgo de mi entorno y empiezo a compartir, palpar otra realidad, me permite tener esa comunicación interna en la que pondría comparecer necesidades.

El internalizarse en las comunidades nos permite conocernos y a veces obtener las posibles soluciones. Las comunidades son diversas y en ellas podríamos encontrar hasta un pequeño problema de redacción, porque a veces no hay en las instituciones personal que oriente y guíe.

¿Qué quiero decir con esto?, que en las comunidades no estamos solo para levantar proyectos en materia de electricidad. Sino que toda persona que le guste trabajar en las comunidades debe ser integral y saber lidiar con distintos caracteres con respeto y humildad.

Voy a ponerte un ejemplo que siempre lo expongo frente a mis compañeros: ¿Qué pasa con el niño de la vecina que anda en la calle todo el día?, anda en malos pasos, su mamá trabaja y todo el mundo lo maltrata. Vamos a llamarlo, vamos a sentarlo y hablar con él. Y escuchas lo que algunos pueden decir: “pero eso no es problema mío, si él quiere ser delincuente que lo sea”.

Ahí es donde yo digo: “no, amiga, no es que él sea delincuente y es problema de él. Porque ese delincuente en un futuro te va a dañar a ti, va a dañar a tus hijos y va a dañar a tus nietos”. Y por lo menos, si él llegara a ser delincuente en algún momento, sé que nos reconocerá porque llegamos a hablar con él, pero el no aceptó el consejo.

O sea, que el problema del otro si es nuestro problema. Porque es nuestro entorno, si la llave del vecino se rompió y se bota el agua por el frente de mi casa, ¿me perjudica o no me perjudica?

Y justo eso es lo que hacemos en las comunidades. Despertar el sentido de pertenencia y unir a las comunidades para la solución de los problemas en colectivo y que cubran sus necesidades, porque solos no podemos, en colectivo sí podemos.

¿Qué son las mesas de energía eléctrica?

Las mesas de energía eléctrica comienzan mucho antes de los consejos comunales. Se detectan muchas fallas en los tendidos, postes eléctricos o comunidades enteras sin el servicio.

Entonces, las mesas de energía eléctrica llegan es para subsanar esas necesidades en materia eléctrica. Pero para eso debemos organizar y orientar a las comunidades, adentrarnos en ellas para conocernos y en conjunto poder solucionar las problemáticas.

Es así como las comunidades se empoderan de sus espacios y lo cuidan porque forman parte de ella. Es ese sentido de pertenencia. Si nos cuesta a todos, entonces todos lo vamos a cuidar. Porque de nada sirve si se ejecutan los proyectos y las comunidades no participan en la ejecución de los mismos.

A veces los recursos son limitados y si entre todos colaboramos podemos salir adelante. He tenido la oportunidad de viajar con la fundación a diversos estados del país para acompañar en estos trabajos llevados por las mesas de energía eléctricas. Llevar los talleres y formar al pueblo es algo esencial en la participación protagónica.


¿Cómo es Nery en el hogar?

Jajajaja, sí se me complica un poco, más que todo con mi marido. Mis hijos ya están grandes, hay que saber llevar las cosas, con mi esposo hablo mucho. No es fácil que una mujer esté todo el día en la calle y más si tiene una familia que mayormente demanda oficios en el hogar.

Pero ellos entienden, han visto frutos y logros. Esos reconocimientos de las comunidades es lo que nos permite seguir adelante.

Tengo dos hijos y una niña que gracias a Dios son la bendición en mi vida, me han dado nietos que son mi adoración.


Texto: Johan Itriago

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